Crónica de una pandemia no anunciada


Texto y fotos: Ana Gómez

Toda esta seguidilla de eventos comenzó en febrero de este año, a fin de mes, para ser exactos. Me encontraba en Roma, tomando un curso de italiano: fui testigo de cómo salían noticias en los diarios de algo llamado Coronavirus. ‘’Es solo una gripe’’, me decía mi profesora, quien me recomendó que no me preocupara y aprovechase lo que me quedaba de mi estadía en Roma. 

Mis ojos vieron cómo las calles quedaban vacías. Todos aquellos monumentos en los que eran imposible tomarse una fotografía, porque estaban atestados de turistas, estaban ahora totalmente vacíos, las farmacias se habían llevado a todos sus visitantes. Siendo sincera, aproveché esos momentos de silencio en la gran capital italiana para tenerla toda para mí. 

Recuerdo cómo todos tomaban la situación con ligereza, casi en broma, bares vendían bebidas ‘’anti-covid’’, ¡vaya sorpresa se llevaron después! cuando el monstruito invisible resultó ser peor de lo que pensaban…

No tenía miedo, me compré un buen alcohol en gel y evitaba tocar cosas cuando iba en bus o metro. Tal era mi tranquilidad, que junto a unos amigos decidimos viajar hacia el norte para ver la famosa Cinque Terre, pequeña ciudad que posee una vista de película con sus casas pintadas y el oleaje. Solo nos quedamos por una noche, tomamos todas las medidas de seguridad que ya empezaba a dar el Gobierno. 

Recuerdo que mientras miraba el océano, me llegó un mensaje de la señora a quien le alquilaba la habitación, diciéndome que no volviera a su casa porque esa zona estaba llena de COVID. Quedé petrificada, ¿qué haría ahora? ¿me quedé sin casa de verdad? La respuesta es sí.  Gracias al cielo tengo una tía que me pudo hospedar, además solo me quedaba una semana para terminar mi viaje. 

El resto de mis días en Roma, tomé precauciones, hasta que llegó el momento de volver. El aeropuerto era de terror, estaba casi vacío, aun así, tenía tanto movimiento de gente llena de terror. Fue una locura, no me saqué los guantes ni el antifaz que usé como tapabocas, en las farmacias ya no tenían. 

Por fin llegué a casa, me mantuve alejada de mi familia por 14 días, no tuve síntomas y no tuve coronavirus, sobreviví al aeropuerto. 

Comenzaron las clases de la facultad, me perdí la primera semana mientras estaba allá, pero me acoplé rápidamente al grupo y comenzamos a trabajar. Fue extraño hacer clases virtuales, hoy no me imagino cómo sería volver a un aula. 

Pasó el tiempo y el nombre del Ministro de Salud se hizo extremadamente popular, la cuarentena se extendió, y luego lo hizo otra vez, sin darme cuenta ya habían pasado meses desde que todo comenzó. 

Me acuerdo cuando todo estaba cerrado con tres llaves, no podíamos ni salir a caminar, ver a nuestros amigos o parientes mucho menos. No fue nada fácil, me moría por ver a mis amigas y familia, no los veía hace meses, pero sabía que era para un bien mayor. Estuve en el ojo del huracán, escuchaba las ambulancias constantemente, vi cómo se llevaban a personas en camillas. Si podía hacer algo para evitar ese caos, lo haría. 

Pasaron los días y las cosas volvían a otra ‘’normalidad’’, pude ver a mis seres queridos desde lejos otra vez. Se abrieron las puertas a la vida de nuevo, incluso pudimos festejar los 15 años de mi hermana, con una pequeña ceremonia con sus amigas más cercanas. 

Muchos perdieron a sus seres queridos, mis padres perdieron a un amigo, el funeral fue devastador. Hace un año no nos imaginábamos esta pandemia, hoy se lleva a nuestros seres queridos. 

La cuarentena y el confinamiento fueron algo duro para mí, me tomaron por sorpresa y cambiaron mucho los planes que tenía para este año. Aun así, a pesar de todo lo malo, aprendí muchas cosas sobre mí misma, me di tiempo de reflexionar sobre mi vida y sobre todo lo que está pasando, pude pasar más tiempo con mi familia, incluso tomé clases virtuales de francés. 

La cuarentena fue una montaña rusa, todo este año impredecible lo es. Todos nos preguntamos qué hubiese sido de nuestra vidas si no pasaba esto, pero era esto lo que tenía que pasar. Sé que vivimos un momento histórico, más grande que todos nosotros, lo único que podemos hacer es reflexionar al respecto y esperar que pronto llegue el día en que nos podamos volver a abrazar.

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