Ricardo Migliorisi: Entre la intensidad de los colores y la intimidad de sus recuerdos


Texto: Aramí Martínez
Foto: Diario Última Hora

En la tan lejana cercanía digital, los matices verdosos de una tarde sabatina, la complicidad de las letras, la respiración acompasada y los intentos por controlar las lágrimas, Agustín, Lupe y Nilda rememoran en recuerdos y anécdotas la efervescente presencia del amigo, tío, jefe y artista Ricardo Migliorisi.

14 de junio del año 2019, día viernes en Paraguay. Con el sol en su punto máximo y en ausencia de las brisas otoñales, Asunción se muestra ajetreada y ruidosa por la típica emoción colectiva de los días viernes. La sombría compañía del teléfono celular repentinamente es testigo de apariciones espontáneas de colores fuertes, pinturas psicodélicas, unos sensibles ojos azules y titulares de despedida a un ¡GRANDE!: Era noticia la partida sin retorno de Ricardo Migliorisi. 

Ricardo Oscar Migliorisi Zalsa, pintor, actor, vestuarista, escenógrafo y arquitecto. Nacido en Asunción, día de la festividad de la epifanía del Señor del año 1948.  Hijo del matrimonio de origen italiano, el odontólogo y violinista de la Sinfónica de Remberto Giménez,  Salvador Migliorisi Tumino, y la artista plástica Isolina Zalsa Ferraris. 

Rebelde, libre e irreverente, su esencia perdura en los recuerdos del arquitecto, actor, escenógrafo, dramaturgo, director de teatro, televisión y compañero de vida, Agustín Núñez. 

En la intimidad de la mensajería instantánea, el encuentro virtual y las palabras de García Márquez “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, rememora: “A Ricardo Migliorisi lo conocí cuando yo tenía 14 años, estaba haciendo el tercer curso del bachillerato en el Colegio San José, Ricardo se había pasado del Dante, también estaba en el tercero, estaba en la sección B y yo estaba en la sección A”. 

Ricardo inició sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Dante Alighieri; posteriormente, culminó su etapa formativa en el Colegio San José de la ciudad de Asunción. “En el San José, para la persona que llega le es muy difícil de encontrar ambiente, ya que la mayoría estábamos ahí desde los primeros grados hasta bachillerato,  era una de las características del sanjosiano y la gente que llegaba tenía que acoplarse un poco a los grupos de los perros”, recordaba Agustín. 

En cada uno de los encuentros televisivos, que hoy permanecen en el inconmensurable universo digital, se definía a sí mismo como tímido y temeroso, y de la misma manera lo describe Agustín, “Era un chico muy tímido, muy frágil físicamente, ojos grandes,  azules, de poco hablar, le costaba comunicarse”.  

Por otra parte, compañera y amiga en su hogar azul en el barrio Las Mercedes de Asunción Nilda González Martínez acompañó sus días durante veintiocho años. Era sábado de tarde, 15:40 horas, el verdor de un campus universitario sobre la avenida España de Asunción es escenario de los recuerdos vivos de Nilda y mi sencillo homenaje a su memoria. “Hace 28 años” y un quiebre repentino en la voz, temblor en los labios y los ojos al desborde de lágrimas dice: “Y justo mañana va ser un mes que falleció”, respira y prosigue: “Al principio fue con su mamá, después de ocho años que estuve con la mamá, falleció la mamá y me quedé con él”. 

En medio de profundas respiraciones y pequeñas faltas de aires, sacaba fuerzas y estallaban los recuerdos: “Desde sus dieciocho, diecinueve años ya estuve con él, tenía su carácter como cualquier otra persona, pero  siempre él está de buen humor, nunca le demuestra a la gente cuando realmente está de mal humor, siempre está ahí para todos”.

Dice el cantante argentino Indio Solari: “La memoria es el único paraíso del que no nos pueden expulsar”. La presencia de Ricardo para sus allegados, amigos y familiares pervive en un paraíso quimérico de incontables recuerdos.  En el silencio del cosmos digital y en compañía de las letras vislumbran las anécdotas del tío Ricardo para la periodista, docente universitaria y sobrina, Lupe Galiano Migliorisi: “Ricardo era una persona más apegada a los niños que a los adultos”. 

Agustín agrega: “Ricardo era un muchacho, un hombre que preferentemente tenía que vivir como en un parque de diversiones, él tenía que cambiar de lugar. Uno salía con él, salía  a cenar, después tenía que ir a tal cafetería, después a tal parte, de un lado a otro, siempre se movía muchísimo, siempre fue una de las características la energía. Íbamos a ver una obra de teatro, íbamos a ver una película, salíamos, íbamos a un pub, salíamos, íbamos a una discoteca, es decir, era una cosa que  nunca paraba”. 

Lupe en la magia de sus recuerdos de niñez rememora: “Cuando volvió de Colombia, Ricardo vivía con mis abuelos. Su ropero, sus mesas de luz, sus estantes estaban llenos de magia. Me encantaba revisar, sin que se enteren los adultos: Encontraba disfraces, dibujos, hasta que un día encontré un osito de peluche celeste. Fue amor a primera vista. Pero cómo podía decirle: “Encontré un osito, regalame” o “vos sos un adulto, no necesitás un muñeco”. Ese mismo día, Ricardo me dijo: Tengo algo para vos y me entregó el osito, que fue mi inseparable compañero bastantes años. A la luz de la madurez, me di cuenta de que él sabía que revisaba sus cosas (todos tuvimos sobrinitos, hermanitos, hijitos pokovi y sabemos cómo es). En lugar de enojarse y retarme, me regaló un osito, un juguete que tiene tanto que ver con la afectividad y el apego”.

En sus intensas líneas y en la férrea determinación de su espíritu Gabo decía: “La memoria del corazón (…) magnifica los buenos recuerdos y gracias a ese artificio logramos sobrellevar el pasado”. “Ricardo era el hombre de los recuerdos. Siempre sacaba a colación historias del centro, donde pasó con mis abuelos y mi mamá gran parte de su vida; historias de Villa Morra, donde vivía Mario Prono, ahijado de mi abuela, e historias de personas, de calles, de casas, que admiraba y que fueron desapareciendo de Asunción, no solo físicamente, sino de la memoria colectiva”, añade Lupe.

Tímido, frágil, de buen humor, con alma de niño describen la esencia íntima de Ricardo con los suyos. Y es la misma esencia, junto con el gusto por el arte y la estética la que ensalzó su alma de artista.  

En mayo del 2018, en entrevista con el comunicador Héctor Rubín, recordaban a su padre como violinista de la orquesta sinfónica del músico Reemberto Giménez, a su madre como artista plástica y mujer fuerte y los gustos por el dibujo de su hermana María Cristina. 

Estudió Artes Plásticas con la artista y docente paraguaya Cira Moscarda. En su estadía por el Colegio San José, Ricardo confesó a Agustín Núñez que se encontraba estudiando dibujo y pintura en el Taller de Cira. En “El verdadero rostro de la felicidad”, Agustín rememora: “Me prometió presentarme a su profesora, similar, según él a un duende. Y pude comprobarlo pronto cuando ella, con encanto de duende, me cautivó”. 

También estudió grabado con el artista brasileño Livio Abramo y cursó la carrera de Arquitectura en la Universidad Nacional de Asunción. 

El ensayista, curador, crítico de arte y promotor cultural Ticio Escobar (1986) refiere: “Migliorisi aparece en escena hacia mediados de los sesenta, en un momento muy especial para la plástica, el tiempo de la actualización y de la apertura, del ansia de novedades y cosmopolitismo”. 

Escobar (1986) también agrega: “La imaginería de Migliorisi se debe mucho al taller de Cira. El espíritu irreverente y mordaz, desmitificador y deliberadamente frívolo y cursi, sella su primera imagen y se cuela para siempre en todo su posterior desarrollo”. 

En compañía de Rubin (2018), Migliorisi mencionaba: “Oscar Trinidad, quién era crítico de arte, abrió una galería sobre la calle Palma, que se llamaba Galería Tajy. Ahí se hizo un concurso de pintura de artistas jóvenes, otro artista y yo fuimos seleccionados, nos hizo una muestra individual y yo vendí todas mis obras”. 

Según Escobar (1986) en los primeros dibujos presentados en la exposición de Tajy en 1966 ya está perfectamente definida esa figuración híbrida que mezcla hombres, objetos y animales. Combina lo jocoso y lo dramático en un enredo promiscuo e inquietante: sus gallinas- vasijas, sus aves con zapatos y anteojos, ya anuncian ese revoltijo de órdenes y de reinos naturales que se traspasará a épocas históricas, geográficas y diferentes niveles de realidad o de sueño. “Le gustaba mucho pintar”, lo recordaba Nilda con la respiración acompasada. 

La escritora, periodista, actriz y poetisa guatemalteca Luz Méndez de la Vega (1986) refería: “Cuando un artista es verdaderamente sensible responde de diversas maneras a los distintos estímulos que lo hacen expresarse como lo que es. Ricardo Migliorisi (…) es sobre todo un excepcional dibujante de aquellos que enraizados en el mundo surreal y apesadillado del Bosco vierten concretamente el contenido de su imaginación fértil en formas que son cómo imágenes de sueño, o como símbolos de un mundo intelectivo que se cuajaran en nuevos seres poéticamente creados por obra mágica”.

A lo largo de su trayectoria realizó exposiciones de sus obras. Entre los años 1974-2013 expuso sus creaciones individuales, de las que se citan: “Sobre monstruos y Víctimas”- Museo de Zea, Medellín, Colombia (1974); “Pequeños pizarrones”- Galería Fábrica, Asunción, Paraguay (1985); “Retrospectiva 20 años de obra de R. Migliorisi”- Centro de Artes Visuales, Asunción, Paraguay (1986); “Birgitta Von Scharkoppen en el Jardín de las Delicias”- Centro Cultural Miraflores, Lima, Perú (1989), “Los últimos días de Pompeya”, La Galería, Lima Perú (1990) y en el Instituto Italo Latinoamericano, Roma, Italia (1991); “La Carpilla Sixtina”, Galería Rond- Point, París- Francia (1992); “La Culpa”, Galería Praxis, Lima, Perú (1996); “Muestra La vía dolorosa”, Galería Phanta Rei, España (2000); Instalación “Viaje a las Cataratas”, Centro Cultural Citibank, Asunción, Paraguay (2003); Muestra Individual, Museo Fortaleza, Brasil (2007); “Brigitta Von Scharkoppem en el Jardín de las Delicias 2, Museo Provincial de Corrientes, Argentina(2009); “El Gran Teatro del Mundo en cinco actos”, Fundación Ricardo Migliorisi y Museo del Barrio- Asunción, Paraguay (2013). 

En la sintonía digital y la perdurable atmósfera de colores, Agustín mencionaba: “Respecto a su trabajo en la Carpilla Sixtina, él decía que de alguna manera trataba de retratar en esa carpilla a las personas que en ese tiempo eran sus contemporáneos. Ahí está por ejemplo Olga Blinder, Osvaldo Salerno, Carlos Colombino, estoy yo y Elsa Wiezell la poetisa. El ambiente está metido en esa monumental pintura”. 

Suma a sus composiciones individuales, varias muestras colectivas de las que destacan: “Tres Artistas Paraguayos”, Galería Latina, Uruguay, Galería Centoira, Buenos Aires- Argentina y 1° Bienal de Cuenca, Ecuador (1987); “Latinarca 90”, Montreal- Canadá (1990); “Arte del Sur del Mundo”, Marsala- Italia (1990); “Paraguay Ra’anga”, Alcalá de Henares- España (1990); “Pintores de hoy en América Latina”, Nagoya- Japón (1991); “Ana Eckell y Ricardo Migliorisi”, Park Gallery, Boca Ratón, Florida- EE.UU (1991); “Arte del Mercosur”, Buenos Aires- Argentina (1993); “Dibujo Paraguayo”, Corriente Alterna, Lima- Perú (1994); “Periolibros”, Casa de América, Madrid- España (1997), “Al albor del s. XXI: Artes Plásticas de América Latina y El Caribe”, UNESCO, París- Francia (1999); “Muestra del Video Paraguayo”. Instituto Cervantes, Palermo- Italia (2013).

Menciona Escobar (1986) “Migliorisi propone un universo de personajes mestizos, de animales y objetos inverosímiles extraídos de la mitología clásica, de los repertorios populares latinoamericanos, la ópera y el cabaret; de la estética del Music Hall, la televisión y las crónicas sociales”

“Nunca paraba su parte creativa, era una adicción el crear, fue una persona que no podía vivir sin crear permanentemente. Asumía ya como un forma de vida”, agrega Agustín.

En el Diccionario de las Artes Visuales del Paraguay, el periodista, docente y arquitecto Lisandro Cardozo (2005), refiere que Migliorisi a lo largo de su prolífica carrera cosechó varios premios y distinciones: “Obtuvo el 1° premio de Afiches CIME, Naciones Unidas en 1972, ganó el concurso “Benson & Hedges” de Asunción en el año 1982, obtuvo el 2° premio en la Bienal del Papel de Buenos Aires, Argentina en el año 1986, reconocido con la mejor muestra extranjera, AICA de Montevideo, Uruguay en el año 1987, mejor artista del año, reconocido en 1992 por Radio Curupayty y ganador del premio Mejor artista del año 2001, otorgado por la revista de Arte y Arquitectura. 

Su formación y capacidad creadora no se limitó a las artes plásticas. Incursionó en el teatro. “De joven era un actor muy convincente, a pesar de su timidez innata”, agrega Lupe. “Un artista completo, aparte de pintar, trabajó como actor, como director. A mí me dirigió una obra que se llamó Y se me dio la gana en Colombia, entre otras obras infantiles que hizo”, refería Agustín. 

Fue integrante e ideólogo junto con Agustín Núñez del grupo de teatro Tiempoovillo. “En la facultad, nuevamente pertenecimos a cursos distintos pero nuestra relación se fortaleció a partir de la creación del grupo de teatro Tiempoovillo, conformado básicamente por estudiantes de esa carrera. Fue un momento estelar en el que coincidimos un grupo de jóvenes dispuestos a jugarnos hasta las últimas consecuencias en escena para expresar nuestro punto de vista ante esa sociedad que nos tildaba de grupo maldito”. Por otra parte, agregó: “En Tiempoovillo fue una de las cabezas para definir criterios estéticos y también de contenido respecto a nuestra obras”. 

Los recuerdos desde las líneas de Lupe rememoraban: “El grupo Tiempoovillo ensayaba en casa de mis abuelos y nosotros, como todos los niños, éramos curiosos y queríamos estar en el medio del ruido. Los actores jugaban un rato con nosotros hasta que a una gritaban bien fuerte: “Criaturas a volaaaarrrrr”, lo que nos hacía salir corriendo como almas en pena”.

En su libro Teatro Independiente del Paraguay (2007), Agustín Núñez refería: “El grupo realizó giras por gran parte de América, participando en festivales, dictando cursos, tomando clases y capacitándose. En Medellín, Colombia, el grupo estrenó una adaptación del El Principito, de A. de Saint- Exupery”.

Con la efervescencia de las travesuras de su niñez en el aire, Lupe agregaba: “Justamente con Tiempoovillo, Ricardo interpretó al Principito en una puesta. Durante gran parte de mi infancia, Ricardo para mí fue el Principito: Yo pensaba que se encontraba con la Rosa en algún jardín secreto, que viajaba a otros planetas y me deleitaba leyendo y releyendo miles de veces la gran obra de Saint Exupery. Hasta ahora, es mi libro preferido”.

La efusión de los colores, sus andanzas por el teatro, también lo llevaron a dedicarse al  diseño de vestuario y escenografía. “Dedicaba gran parte de su tiempo a crear, no solo en la plástica, sino en vestuarios y escenografías de teatro y ballet”, menciona Lupe. 

El Ballet Clásico y Moderno Municipal de Asunción en un póstumo homenaje refirió en sus redes sociales: “A nosotros nos ha tocado principalmente trabajar con él en su faceta de creador de vestuarios. Conservamos y usamos obras suyas de muchos años, que aún hoy lucen radiantes y despiertan admiración. Él, amante del ballet, en cada ocasión sintió gran alegría en poder crear para obras muy diversas, siempre con la chispa para otorgar a cada una un sello único”.

“En mi adolescencia participé indirectamente en su obra creadora, ya que le ayudé a teñir telas y bordar trajes de los vestuarios de ballet, ya que en aquel entonces, como ahora, no existían grandes presupuestos para las artes y todo el mundo colaboraba como podía. El vestuario más trabajoso fue para Romeo y Julieta del Ballet Municipal de Asunción, donde todas las cortesanas tenían tocados bordados de perlas: un trabajo de largas noches con mi mamá y mi abuela, pero muy gratificante ya que veías cómo lucía “tu obra” en escena”, rememoró la sobrina.

Las letras también formaron parte de su ilimitada capacidad creadora, Agustín recuerda: “Ricardo también incursionó de muy jovencito escribiendo cuentos breves, poemas,  incluso jugábamos a mostrarnos cuentos que escribíamos nosotros”. 

“El arte… es un poco cruel, como el niño tiene una sinceridad descarnada, pero en ella radica su dignidad (…) Por eso el artista tiene que estar dispuesto a ser desvergonzado y maleducado, llegar hasta la obscenidad, a veces irritar, molestar. No se puede andar con remilgos y rodeos a la hora de abordar la condición humana y para nombrar las verdades nuevas que se descubren hay que inventar formas nuevas, tirar por la borda cánones y prejuicios. Así entiendo la famosa libertad artística”, firma Migliorisi la contratapa de Ricardo Migliorisi: Los retratos del sueño (1986). “Lo que más admiro es su gran capacidad de crear, reciclar cosas, de combinar cosas ya existentes y darle una mirada diferente, el no tener miedo, el romper barreras a través del arte, el atreverse permanentemente, el no quedarse en ningún molde, cuando él sentía que estaba en cierto molde ya se empezaba a desesperar, se empezaba a sentir mal”, recuerda Agustín.   

En La gente que me gusta el escritor uruguayo Mario Benedetti versaba: “Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen”. Agustín a su compañero del alma lo recordaba así: “Era una persona muy sensible,  así como era muy atrevido en el arte, era muy vulnerable en su vida. Le afectaba muchísimo los comentarios de gente querida, le afectaba inclusive de las personas que él quería. Era una persona que pedía a gritos que se haga justicia con la gente que él quería, con quién él se comprometía”. Desde el silencio de la virtualidad, Lupe agrega: “Aunque siempre trataba de no demostrar públicamente su tristeza, era una persona muy sensible que se indignaba con facilidad ante las injusticias sociales. Ningún problema humano le era ajeno. Estaba siempre disponible para ayudar en causas humanitarias, desde un cuadro para una rifa solidaria, hasta la firma de una carta de protesta”. Nilda suma a sus recuerdos: “Siempre ayudo a mucha gente y no está diciendo ¡Estoy ayudando!. Era más reservado, le llegaban cartas de los ahijados con su foto y él decía ¡Mira tengo un ahijado!”. 

En el silencio de su espíritu altruista, los atisbos de soledad buscaban atemorizarlo: “Era una persona que en la soledad vivía mucha angustia. Ricardo era una persona que no podía vivir solo, normalmente tenía que estar acompañado, recuerda Agustín.  “Muchas veces no quiso estar solo, me pedía a que lo acompañara”, rememora Nilda. 

Pese a los durables minutos de angustia, en su paraíso azul la naturaleza y los animales entretejían su vivaz alegría. “Sentía adoración hacia los animales y una locura por robar plantas para cultivar en su propio jardín”, entre líneas recuerda Lupe. 

“Le gustaban las flores y me decía: Vi tal parte lirios, vamos y ya nos íbamos a traer. En eso una vez, le preste el paragüita de mi hijo que tiene gancho, se va y un perro al lado de la flor le estira, él le decía: Chuck, chuck, chuck le hacía mientras le espantaba. No importaba la hora, siempre buscábamos flores”, recuerda sonriente Nilda. 

Migliorisi es color, alegría, es Dalí y Gala (sus mascotas), apasionado por el buen cine y los musicales, es tío de Lupe, amigo de Agustín y jefe de Nilda. Simplemente Ricardo. 

“El día 18 de mayo fue la última cena con Ricardo y los integrantes presentes en Paraguay del grupo Tiempoovillo, nos reunimos para el lanzamiento del libro escrito por Teresa González con ayuda de Ricardo y mía y también para festejar mi cumpleaños que fue el 05 de mayo. En esa oportunidad le dije a Ricardo que me gustaría trabajar el año que viene en un homenaje muy particular a su persona. En principio se sorprendió mucho y después me dijo que sí, que me ayudaría”, rememora Agustín desde la virtualidad.

“Después de eso nos comunicamos por teléfono y por mensaje, quedamos en hablar más sobre el espectáculo. La última vez que yo hable con él le dije que concretáramos la cita y le dije mirá que el tiempo pasa muy rápido, y sin darnos cuenta ya vamos a estar el año que viene, eso fue lo último que conversamos”, agrega Agustín. “Después de eso ya me entere que fue a internarse, en dos oportunidades entré a verlo, pero realmente estaba viviendo artificialmente”, concluye. 

“Su internación y su muerte posterior vinieron a ahondar una tristeza que llevaba en mi corazón, ya que hace muy poco falleció mi mamá. Aunque tengamos fe en la eternidad de las almas, es difícil pensar que una persona querida ya no está cerca para que puedas hablarle, comentarle algo o incluso pelearte, recuerda Lupe. 

“Cuando se hizo todos los análisis, el hemograma, cuando yo le interné, según el médico, a las diez y media de la noche yo le interné con 10% de vida, no estaba orinando. La presión bajaba muchísimo y la doctora me dijo: Tenemos que meterle a terapia, en esa condición no podemos medicarle en habitación común, por si haya que hacerle reanimación y cosas así. “La doctora habló con él y aceptó todo y de ahí ya no salió más”, recuerda con ojos tristes Nilda. 

“(…) quisiera entrar a saco en tu memoria/apoderarme de ella/ desmantelarla desmentirla/ despojarla de su último reducto”, trova Benedetti en Hablo de tu soledad. Migliorisi ¡Vive! en la atemporalidad de su belleza creadora y en la promesa de amigos y familiares. “Hoy, sin mi compañero de vida, sigo con el firme propósito de festejar (…) todo lo maravilloso vivido en su compañía. Es una promesa”, escribe con fuerza Agustín en “El Verdadero rostro de la felicidad”. “Se fue y creo que lo que dejó fue muy grande, dejó un compromiso inmenso que es celebrar su vida a través de su memoria y espero cumplirlo, me hubiera gustado hacerlo en vida pero realmente parto de la base que él sigue y seguirá vivo por mucho tiempo con todos nosotros y repito creo que es de los artistas más grandes y completos que hemos tenido en Paraguay y fue la única persona en Paraguay que en vida fue toda una leyenda”, añade Agustín desde el cosmos digital.  “No tengas miedo. Nunca pensar en mañana, hay que vivir el momento día a día, sin pensar que va pasar mañana. Se le va a extrañar”, concluye Nilda en medio del verdor de nuestro escenario y “Sin dudas los mensajes del Principito: la búsqueda de la Rosa, la infancia eterna y la capacidad de creer que lo que imaginamos es posible”, lleva consigo para siempre Lupe. 

¡Ricardo, por sus recuerdos!

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