Vuelvo por ti, María

Texto: Osvaldo Domíngue
Foto: Gentileza

1964. Asunción, Paraguay. Tu y yo sonreíamos, caminábamos alrededor del parque, tomados de la mano. Yo solo tenía 9 años y tu tan solo tenías 7, llena de energía por dentro, tus cabellos enrulados, una sonrisa de arcoíris, tus hoyuelos bien redonditos y profundos; tus ojos color café, una mirada tuya valía más que mil palabras. Éramos niños inocentes sin saber las cosas del destino, no puedo entender por qué el destino nos ha separado…

1974. Una tarde, en el mismo parque donde nos encontrábamos para platicar, te declaré mis sentimientos profundos hacía vos. Pero, desde esa tarde, nada vuelve ni volverá a ser igual: era las 8 de la noche te acompañé hasta la puerta de tu casa; no me respondiste nada acerca de mi declaración, durante el camino no me dirigiste la palabra.
Antes de entrar a tu casa, con unas lágrimas en tus ojos, me diste un abrazo y un beso en la mejilla, no pude entender qué me tratabas de decir.

Tiempo después, ya era 5 de diciembre, llegué a la puerta de tu casa preguntando si estabas. Una señora anciana salió informándome que tú y tu familia se marcharon del país: “Son las consecuencias de la dictadura”, decía, aunque por un momento mi corazón dejó de latir, sentí un vacío profundo dentro de mí. Esa noche no pude dormir y me preguntaba muchas cosas; hasta traté de quitarme la vida…pensaba que nunca volvería a verte. Entonces, ¿De qué sirve mi vida sin ti?. Luego entré en razón, me dije: Si la amo, tengo que buscarla: «¡No me rendiré hasta encontrarte!»

1989. Asunción, Paraguay, 2 y 3 de febrero terminó la Dictadura Stronista. Me puse a caminar sobre la calle Mariscal Estigarribia, con dirección hacia la Plaza Uruguaya. Paso la vereda del enfrente para observar la casa donde vivías y, de repente, la puerta se abrió como por arte de magia: una bella dama salió de la oscuridad con dirección a la calle. No sé quién es… pero mi corazón empezó a palpitar.

Vuelvo a la vida gracias a ti, María.

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