Del consumismo masivo al consumo selectivo

El consumismo masivo  proviene de un impulso incontrolado por comprar cualquier cosa, aunque no la necesites. Hoy día, ya existe un consumo selectivo que busca satisfacer necesidades reales.

 

Texto: Andrea Torres

El consumo es la utilización de bienes y servicios para satisfacer necesidades presentes o futuras. Es un proceso de destrucción de bienes y servicios consumidos, pero también puede ser un proceso circular cuando a través del mismo se crean otros bienes y servicios.

El consumo masivo lleva al consumismo, que es el consumo exagerado y compulsivo de bienes y servicios, característico de la denominada sociedad de consumo, creada por los sistemas políticos y económicos que la promueven y sostienen.

 

PROMOCIÓN Y PUBLICIDAD

El consumismo se ve incrementado, principalmente, por dos factores: la producción de bienes con carácter “desechable”, y la publicidad. A través de esta última, la sicología y otras disciplinas al servicio de la mercadotecnia, inducen “nuevas necesidades” en los sujetos. El consumismo se ve incentivado principalmente por la publicidad, que, en algunas ocasiones, consigue convencer al público de que un gasto es necesario, cuando antes se consideraba un lujo.

La predisposición de usar y tirar muchos productos no tiene en cuenta el daño que esto puede hacer ecológica y económicamente.

 

ENTORNO SOCIOCULTURAL

Entre los factores que inducen a las personas al consumismo tenemos la cultura, que está determinada por el entorno sociocultural del consumidor. El factor de estatus es el nivel socioeconómico de la persona, factor afectivo que está determinado por el grado de aceptación o rechazo social por poseer o no un bien; esto se ve reflejado en la aceptación o no de una persona. También el factor necesidad, el cual se da en la necesidad real de un producto y la masificación.

A medida que un producto es poseído por la mayoría de las personas, se eleva la presión para que, los que aún no lo tienen, lo compren.

Cabe mencionar que el consumismo se reactiva en fechas especiales, que en ocasiones son generadas por el comercio mismo, como el Día de la madre, del padre, Navidad, etc.

El modelo de bienestar de la sociedad actual se basa en la posesión y acumulación de bienes, lo cual sirve de justificación para que prolifere el consumismo entre las personas.

Si el objetivo de la vida es tener muchas cosas, la principal actividad que se ve beneficiada es, lógicamente, el consumo.

Cuanto más caro es un producto, menos gente lo puede poseer. Esta regla básica explica el sistema de clases. No es lo mismo una falda de la tienda del barrio que un vestido de Chanel, por lo tanto, no es igual la mujer que lleva esa falda a la que viste el vestido. Son dos mujeres diferentes socialmente.

Lo curioso es que, en el afán de distinguirse de los demás mediante la compra de objetos y productos aparentemente únicos, las personas, en esta sociedad actual, caen en la paradójica situación de que cada vez son más parecidas entre sí.

Con el consumo de masas desenfrenado se avanza hacia una progresiva pérdida de identidad personal, ya que los ciudadanos (que en realidad ya no son ‘personas’, sino ‘consumidores’) responden ante modelos de consumo idealizados mediante las efectivas técnicas de marketing.

Es decir, hay un gran número de personas que consumen sintiéndose especiales y que realmente forman parte de un mismo grupo social, en el que todos los individuos tienen un comportamiento y una cultura similar.

 

UN CÍRCULO VICIOSO

La economista Adriana Bock explica los problemas que puede generar el consumismo cuando las personas no pueden controlar sus impulsos de comprar y entran a un círculo vicioso de sobreendeudamiento.

Actualmente, existe una tendencia creciente hacia el consumo de bienes y servicios relacionados al disfrute de experiencias y a estilos de vida más relajados y saludables como la comida gourmet, los viajes temáticos, la actividad física diferenciada, entre otras, a las cuales el mercado responde ofreciendo productos cada vez más innovadores, según indicó Bock.

“Todo esto es sumamente interesante y positivo, siempre y cuando el consumidor sea selectivo y consciente de sus decisiones, pues, de lo contrario, las personas pueden simplemente dejarse llevar por la abundancia de opciones y terminar derrochando su dinero”, sostuvo la especialista.

Señaló además que el consumo en sí es necesario para el bienestar cuando se trata de satisfacer necesidades reales y de darse gustos dentro de las posibilidades, es decir, un consumo sostenible.

“El problema surge cuando se cae en el consumismo, es decir, en un consumo inconsciente, meramente impulsivo. Esto, más temprano que tarde, lleva al agotamiento de los ingresos disponibles y ‘obliga’ a la persona a endeudarse para seguir consumiendo. El riesgo consiste en que esto rápidamente puede convertirse en un hábito pernicioso para la salud financiera”, remarcó.

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