LA PELOTA Y LA VIDA

TEXTO: SANTIAGO CABALLERO

Me cuentan una de las noticias tristes del día. Cuatro niños que jugaban un partidí perdieron la vida cuando intentaban recuperar la pelota que fue a parar en las aguas de un tajamar cercano. El primero que fue a buscar el balón no volvía; entonces fue un segundo, tampoco volvió, así el tercero y el cuarto pues todos intentaban ayudarse, pero las aguas los dejaron sin vida; la pelota siguió flotando. Coincidirás conmigo que tanto el panorama de la tragedia como la noticia son impactantes, terribles, dramáticos, irremediables, nos deja a todos estupefactos, impotentes.

Una vez más son los niños los víctimas. Una conclusión, incompleta, aventurada es que los niños son inconscientes, irresponsables, ante los peligros, porque son “mita tavy”. Pero ante lo anterior es  fundamental  preguntarnos: ¿Alguien les enseñó sobre el peligro que entraña entrar a un tajamar, sin conocer su profundidad? Así también, antes que responder al apuro de seguir con el juego, ¿nadie les dio los elementos para evaluar, aunque sea precariamente, que no se debe poner en peligro la vida ante los peligros posibles? En esta sumaria evaluación debiera entrar, por ejemplo, pensar en pedir ayuda, formar una cadena humana, o, sencillamente posponer el partidí ya que la vida, las vidas, valen más que una pelota y un partido de fútbol

Pero las costumbres y los valores de la vida diaria van por muy distintos caminos que las ideas y las prácticas educativas de nuestros hogares, de nuestras escuelas, de nuestros colegios e incluso de nuestras anticuadas universidades. Con el auge de la publicidad, de los medios masivos, la pelota, el fútbol acrecienta, día a día, su práctica y su importancia en nuestras vidas. Se ha convertido en una industria que mueve millones y millones; y, ¡oh sorpresa!, donde también campea y se enseñorea la corrupción más vergonzosa, de país a país, en una congregación internacional  para delinquir, para robar. La noticia, al principio, ocupó las portadas de los diarios, pero, al paso de los días, se fue apagando su importancia hasta casi desaparecer.

Sin embargo los calendarios de las ligas, locales y mundiales, aumentan de importancia y convocan a miles de millones de todas las edades y de condiciones sociales. La pelota, el fútbol, son objetos de primera necesidad en una sociedad plagada de injusticias, de precarias condiciones de vida. Su valoración no se ve sólo en el “descuido” de unos niños que pierden la vida tras una pelota. Es mucho más, en Asunción, las barras de hinchas, no van a las canchas sólo a alentar a sus clubes, van también, munidas de piedras, de cuchillos, de revólveres…Resultados: heridos, contusos, muertos. Para que tengas todos los datos: a tales hinchadas las apoyan, promueven, financian los mismos dirigentes de los clubes.

Con el alma sentí que nuestro seleccionado nacional de fútbol no participara del último Mundial; aliento que sí pueda ir al de Rusia. Pero, lamento que las prácticas corruptas y las costumbres violentas tomen las canchas, las hinchadas, los amores a los clubes. Se han trastocado los sanos ideales y donde debe haber respeto hay atropellos, inseguridades, muertos, todo en nombre de la pasión por los colores, por los clubes.

Es hora de promover una toma de conciencia en serio. Y que aprendamos que con reprimir no vamos por buen camino. Al contrario, la buena senda de las soluciones pasa por una educación realista que pone las cosas en su lugar y donde el respeto al otro, a sus ideas, a sus preferencias son legítimas y debemos respetarlas. Que la pelota y los deportes son buenos y necesarios pero nunca más que las buenas convivencias.

Sueño que en este siglo los adultos y los niños nos ayudemos a valorar, en las ideas y en las prácticas, las buenas relaciones, la paz, el respeto mutuo aún ante las diferencias. Que juntos, desde los hogares y los centros educativos aprendamos el valor de la vida y que para ello debemos promover la solidaridad, la ayuda fraternal. Superemos la idea que el niño es “mita tavy”, es, al contrario una persona con todas las posibilidades de entender, de reflexionar, de conocer los peligros, poco a poco, conforme a su desarrollo. Que es capaz de afrontar los peligros, de superarlos, de huir de ellos, de evaluarlos. Pero que sepamos que todo eso se aprende con la ayuda de los adultos que entiende su situación, sus capacidades. Te invito a soñarlo y a ponerlo en práctica.

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